La política exterior de Guatemala no es muy transparente ni confiable, debido a su dependencia casi total frente a los intereses de Estados Unidos y a la torpeza de algunos de sus cancilleres, según las revelaciones que ha hechoWikileaks, la agencia especializada en secretos de gobierno.
Que Guatemala haya avalado el derrocamiento de Jean-Bertrand Aristide en Haití, en el 2004, por ejemplo, no es muy meritorio. En un cable confidencial se revela que Marta Altolaguirre, siendo viceministra de Relaciones Exteriores en el gobierno de Oscar Berger, acuerpó la descalificación del presidente Aristide, a quien calificó de “desastre”, mientras ofrecía a George Hamilton, embajador de Estados Unidos en ese tiempo en Guatemala, el apoyo a la intervención de Estados Unidos en Haití.
En el Cablegate de Wikileaks se cita la opinión personal vertida por Altolaguirre acerca de que Arístides era un “desastre” para su pueblo, siendo innecesario que siguiera al frente de Haití. Como se recuerda, Arístides fue obligado a renunciar en febrero de ese año, subido a la fuerza a un avión y sacado del país, como lo harían después con Zelaya, el presidente de Honduras. La delegación de Guatemala a la Cumbre Iberoamericana, que se realizaba en Costa Rica ese año, registró las preocupaciones de Guatemala sobre Haití y la necesidad de expresar su apoyo a al gobierno interino de Gérard Latortue, acusado de tener alianzas con grupos paramilitares.
Wikileaks ha recordado hechos más conocidos, como la fallida invasión a Cuba perpetrada en 1961 por disidentes cubanos entrenados por la CIA en territorio guatemalteco. Los documentos detallan la estrecha relación entre Estados Unidos y los gobiernos de Guatemala, y cómo el entonces presidente Miguel Idígoras Fuentes quería que sus soldados participaran en la invasión. Revela la agencia informativa que cuando el impopular gobierno de Idígoras, respaldado por los militares, tuvo que encarar a la insurgencia guatemalteca, sus mandos pidieron a Estados Unidos que enviaran bombas de Napalm, petición que fue rechazada por Washington.
Pero la nota más curiosa se relaciona con el intento de los enviados del presidente Álvaro Colom a Cuba, para negociar la entrega de la Orden del Quetzal al mandatario cubano a cambio de que Fidel Castro recibiera en audiencia al presidente guatemalteco, acción que puso en verdadero ridículo la política exterior del país.
El postre de Wikileaks es la revelación de que el expresidente Oscar Berger y el exministro de Relaciones Exteriores, Jorge Briz, engañaron al embajador guatemalteco Gerth Rosenthal en su aspiración de ser secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), instándolo a promover su candidatura mientras se comprometían con Estados Unidos para apoyar al expresidente de El Salvador, Francisco Flores. Por supuesto, la histórica oportunidad de alcanzar la secretaria general de la OEA no se la perdió Rosenthal, sino Guatemala.
Ambivalente, sin independencia ni identidad, al son que le tocan, esa parece ser la política exterior del país.













